Mi diario hoy


15 de enero de 2026
Querido diario

Hoy desperté con esperanza, ese sentimiento peligroso que Hidrocapital se empeña en destruir cada mañana. Abrí la llave del lavamanos con la ilusión de un niño en Navidad. Salió un suspiro. Un triste y patético suspiro de tubería que básicamente me dijo: "¿agua? ¿en esta economía?"

Las 6:47 AM y yo conversando con mis tuberías como si fueran un oráculo griego. "¿Habrá agua hoy?" "¿Llegará antes del mediodía?" "¿Debo llenar la bañera preventivamente o eso es tentar al destino?" La tubería no responde. Nunca lo hace. Es más confiable que Hidrocapital, al menos en su silencio.

Decidí llamar al número de atención al cliente. Grave error. Después de 45 minutos escuchando música de espera que suena como si la grabaran bajo el agua (irónico, considerando que el agua es precisamente lo que NO tienen), una voz me informa que "el servicio se restablecerá en las próximas horas." ¿Cuáles horas? ¿Las horas humanas o las horas de Hidrocapital, donde una hora puede significar tres días?

A las 11:23 AM ocurrió el milagro. Escuché ese sonido celestial, ese rugido de cañerías que anuncia la llegada del líquido vital. Corrí al baño como si hubiera ganado la lotería. El agua llegó con la fuerza de un suspiro asmático, pero llegó. Marroncita, tibia, con un aroma peculiar a misterio químico, pero AGUA al fin.

Duré exactamente 4 minutos y 32 segundos celebrando antes de que se fuera de nuevo. Porque claro, Hidrocapital es como ese amor de verano: intenso, breve y te deja con jabón en el pelo.

Pasé la tarde mirando las nubes, preguntándome si debería aprender a recolectar agua de lluvia o simplemente mudarme a un iglú donde al menos el hielo es confiable. Hidrocapital ha logrado lo imposible: convertirme en un experto en almacenamiento de agua. Tengo tobos en lugares que ni sabía que existían en mi casa. Soy prácticamente un camello urbano.

A las 6:34 PM volvió el agua. Esta vez con mejor presión y casi transparente. Me sentí afortunado, privilegiado, bendecido. Qué bajo han caído mis estándares que celebro agua que no tiene color café.

Llené cada envase disponible: tobos, botellas, ollas, la ponchera de la abuela que nunca usamos, hasta consideré llenar los floreros. Porque mañana, querido diario, mañana es otro día en esta telenovela de amor y desamor con Hidrocapital.

Me voy a dormir agradecido por los 23 minutos totales de agua que tuve hoy. Mañana quizás sean 25. O quizás ninguno. Con Hidrocapital nunca se sabe. Es el romance más tóxico y codependiente que he tenido.

Hasta mañana, si el agua lo permite.

P.D.: Acabo de escuchar las tuberías. Creo que hay agua. Falsa alarma, era el gato.

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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