El Salmo 9 es un canto de victoria, pero no de la variedad triunfalista que pisotea a los vencidos. Es más bien el grito de alivio de quien ha sobrevivido a la opresión, de quien finalmente puede respirar después de estar bajo amenaza constante.
El Salmo 9 es un texto de contrastes violentos: alabanza y lamento, confianza y angustia, celebración de la justicia divina y denuncia de la opresión humana. Es un salmo que no se refugia en abstracciones teológicas, sino que brota de la experiencia cruda de vivir en un mundo donde la maldad parece triunfar y los vulnerables claman por socorro.
A diferencia del Salmo 8, que nos elevaba a contemplaciones cósmicas, el Salmo 9 nos arrastra al barro de la historia humana: la violencia, la injusticia, el sufrimiento de los inocentes. Y desde ese barro, levanta un grito que es simultáneamente protesta y confianza, desesperación y esperanza.
"Te alabaré con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas". Así comienza el salmo, con una declaración de gratitud total. Pero esta gratitud no surge de una vida fácil, sino precisamente de haber atravesado el valle oscuro y haber emergido del otro lado. El salmista ha visto caer a sus enemigos, ha presenciado cómo "el impío es lanzado en la red que él mismo hizo".
Hay algo profundamente satisfactorio en la idea de que la justicia eventualmente prevalece, que aquellos que cavan fosas para otros terminan cayendo en ellas. Pero el salmo va más allá de la simple retribución; habla de un Dios que "juzgará al mundo con justicia" y será "refugio del oprimido en tiempos de angustia".
Analíticamente, el Salmo 9 presenta una teología de la justicia divina que opera tanto en el presente como hacia el futuro. Por un lado, celebra victorias concretas sobre enemigos específicos. Por otro, proyecta una esperanza hacia un juicio universal donde todas las cuentas serán saldadas. Esta tensión entre el ya y el todavía no es fundamental para entender la esperanza cristiana.
Lo emotivo aquí es palpable: "¿Hasta cuándo, oh Dios?" es el grito que resuena a través de las generaciones. El salmista sabe que los pobres no siempre reciben justicia inmediata, que el impío a veces prospera, que los oprimidos claman sin respuesta aparente. "No será para siempre olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente" es tanto una declaración de fe como una súplica desesperada.
Desde una perspectiva cristiana, este salmo nos confronta con preguntas incómodas sobre la justicia en nuestro mundo. ¿Dónde está esa justicia divina cuando vemos a niños sufriendo, cuando los corruptos acumulan poder, cuando los inocentes son destruidos? El salmo no ofrece respuestas fáciles, pero sí ofrece algo más: la insistencia en que el sufrimiento no será la última palabra, que hay una contabilidad moral del universo, aunque no siempre la veamos operar en nuestros tiempos.
Este es un salmo para quienes luchan por la justicia social, para quienes se niegan a aceptar que "así son las cosas". Es un recordatorio de que nombrar la injusticia, clamar contra ella, es en sí mismo un acto de fe en que el mundo puede y debe ser diferente.
El Salmo 9 no nos ofrece una fe fácil. No dice "confía y todo estará bien." No promete que los buenos nunca sufrirán o que los malos siempre recibirán su merecido en esta vida. Lo que ofrece es algo más profundo y más honesto: un marco dentro del cual sostener tanto la alabanza como el lamento, tanto la confianza como la protesta.
El salmista alaba porque ha visto liberaciones reales. Pero también clama porque todavía está en peligro. Su fe no es escapismo; es la determinación de mantener la esperanza incluso cuando la esperanza parece irracional.
Para nosotros, viviendo en un mundo todavía lleno de injusticia, el Salmo 9 nos da permiso para nuestras emociones complejas. Podemos estar agradecidos por las bendiciones recibidas y enojados por las injusticias que continúan. Podemos celebrar las victorias sobre el mal y lamentarnos porque el mal si.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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