Por: Ricardo Abud
Aclaremos las vainas una vez por todas: basta de cuentos de hadas donde el protagonista toma las riendas, cabalga hacia el horizonte y deja atrÔs su pasado con una sonrisa cinematogrÔfica. Mi historia no es de "superación", es de desahucio emocional.
No decidĆ irme de mi anterior relación. Me sacaron. Con mudanza forzosa, policia a la puerta y mis esperanzas empaquetadas en cajas de cartón marca "lo que pudo ser". Cuando la gente me dice: "QuĆ© valiente fuiste al salir de ahĆ", me dan ganas de pedirles que me expliquen dónde estĆ” la valentĆa en ser expulsado por la fuerza. Un nĆ”ufrago no cruza el AtlĆ”ntico a nado por amor a la aventura; lo hace porque el barco se hundió.
Pero como el ser humano es un masoquista de manual, he decidido que la simple amnesia no basta. No. Yo necesitaba una relacion olfativa.
El otro dĆa, en un arrebato de genialidad digno de un estudio clĆnico, decidĆ comprarle un regalo a mi pareja actual. Entre una perfumeria llena de fragancias que prometĆan "esencias de libertad" y "notas de frescura primaveral", elegĆ el perfume que usaba mi ex.
No uno parecido. No uno "con un toque similar". El mismo. El que olĆa a tardes de domingo, a discusiones por la temperatura del aire acondicionado y a mis propias ganas de llorar.
Cuando mi novia se lo puso, me acerquƩ, inhalƩ profundamente y le soltƩ con la solemnidad de un poeta mediocre:
—Hueles al amor de mi vida.
Ella, pobre criatura llena de luz, se emocionó. Me besó, creyendo que acababa de presenciar un momento de romanticismo puro. Yo, mientras tanto, estaba haciendo un viaje astral directo al 2021, viendo pasar mi dignidad frente a mis ojos en cÔmara lenta.
Ella vio romanticismo en mis ojos vidriosos. Lo que yo estaba viendo era una proyección en 4D de mis fracasos sentimentales, perdiendo por goleada (haciendo referencia al mumdial, que es la moda hoy) ante una estela de notas de salida de vainilla y fondo de trauma sin resolver.
Es la trampa perfecta: para ella, el perfume es un accesorio; para mĆ, es arqueologĆa emocional con atomizador. Cada vez que pasa por mi lado, mi cerebro activa un protocolo de emergencia que me hace decir: "QuĆ© bien hueles", mientras mi subconsciente grita: "¡Atención, estamos retransmitiendo un flashback de 2021, evacĆŗen el recinto!".
He llegado a una conclusión alarmante: no he cerrado mis ciclos. Los he coleccionado en frascos de cristal. Mientras el resto del mundo quema cartas y bloquea números para avanzar, yo me he convertido en el patrocinador oficial de mis propios traumas.
Si los hĆ©roes escapan de los incendios, yo claramente soy ese tipo raro que vuelve a entrar a la casa en llamas solo para ver si el fuego me recuerda a alguien. Y lo peor de todo es que, si se acaba este frasco, probablemente vuelva a la tienda a comprar el siguiente. Porque, al termino del dĆa, quĆ© serĆa de mi vida sin ese pequeƱo aroma a derrota que me mantiene despierto.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero que jode, hasta el infinito y mƔs allƔ, y sobre todo de gratis.

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