Jueves 6 de agosto 2026
El odio y la maldad
Un silencio extraño acompañaba la mañana, el mismo silencio que queda cuando algo que uno construyó con las manos y con el alma, de pronto desaparece. Hoy confirmé, una vez más, que el resentimiento y odio pueden convertirse en una fuerza capaz de intentar destruir aquello que para otros representa años de dedicación, recuerdos y propósito. Catorce años de trabajo un blog construido con paciencia y esmero quedaron momentáneamente silenciados y bloqueados tras denuncias malintencionadas.
No era simplemente una página de internet; era una parte fundamental de mi historia. En esas publicaciones quedaron plasmados ensayos, sátiras, análisis de los Salmos, pasajes bíblicos, cuentos cortos, relatos de viajes, reflexiones personales, alegrías, heridas y páginas de este mismo diario. Cada entrada fue escrita con el deseo de dejar un testimonio sincero para mis hijos, mis nietos y cualquiera que algún día quisiera conocer quién fui realmente.
Lo más doloroso no fue perder un espacio digital, sino descubrir hasta dónde puede llegar la maldad humana cuando el odio ocupa el lugar del corazón. Solo un espíritu profundamente contaminado puede dedicar tiempo y esfuerzo a destruir lo que otro levantó con constancia. No me sorprende que alguien decida apartarse de mi vida o guardarme rencor; eso forma parte de las decisiones humanas. Lo incomprensible es la determinación de querer borrar el esfuerzo ajeno. ¿Denunciaar mi blog?
Podría señalar responsables. Incluso conozco el rastro (tengo el IP) que dejaron quienes actuaron desde el anonimato y las sombras, pues a veces la tecnología habla más de lo que algunos creen. Podría decir mucho más, insinuar o bajar a ese mismo terreno, dar nombres, icluso ubicacion. Sin embargo, no pienso rebajarme. Señalar con el dedo o responder con el mismo veneno solo me convertiría en aquello que rechazo; mi conciencia y mi amor valen mucho más que cualquier deseo de venganza.
Quien sabe, sabe. Y Dios conoce mi camino de principio a fin. Él sabe quién he sido, cómo he actuado y también distingue a quienes utilizan Su nombre como un disfraz para ocultar la maldad, la hipocresía y el veneno que llevan por dentro, destruyendo el trabajo de otros sin el menor remordimiento. Ninguna apariencia puede engañar Su justicia, y yo prefiero dejar el juicio en Sus manos, pues la justicia de los hombres puede fallar, pero la de Él nunca. A quienes han deseado mi caída no les deseo el mal: solo le pido a Dios que permita que cada uno coseche exactamente aquello que ha sembrado, devolviéndoles el doble de paz que intentaron arrebatarme, y que me conceda la fortaleza para seguir adelante con dignidad.
Sin embargo, hoy llegó una noticia que me devolvió el aliento: Blogger revisó el caso y decidió rectificar, restaurando el blog que tantos años y tanto esfuerzo me costó levantar. La justicia, aunque a veces parece tardar, encuentra su camino, y lo que quisieron destruir sigue de pie, tal como yo. Siento una calma distinta a la de esta mañana; ya no es la calma de quien resiste un golpe, sino la de quien ve confirmado que la verdad y el trabajo honesto terminan abriéndose paso.
Catorce años de historias, de fe, de risas y de reflexiones vuelven a estar donde siempre debieron estar, disponibles para mis nietos y para quien quiera leerlos. Doy gracias por esta restauración y la tomo como una señal de que ningún esfuerzo hecho con amor se pierde del todo, aunque otros se empeñen en intentarlo.
Podrán intentar bloquear un blog, pero jamás podrán borrar mis recuerdos, mis vivencias, mi conciencia ni las palabras que todavía me quedan por escribir. Aquí sigo, de pie, con la pluma lista para empezar de nuevo.
Al final, miró la pantalla encendida y siento que el alma me vuelve al cuerpo. Mis letras están de vuelta en casa. Y mientras Dios me de aliento en el pecho y fuego en el corazón, cada palabra escrita seguirá siendo mi refugio, un puente indestructible hacia el mañana y el abrazo eterno que un día, cuando yo ya no esté, mis nietos podrán leer para saber simplemente cuánto los amé.

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