Hay heridas que no dejan marca visible, pero duelen más que cualquier golpe. Una de ellas es descubrir que la persona con la que construyes tu presente no ha cerrado del todo las puertas de su ayer.
No hablamos de recuerdos. Los recuerdos son parte de lo que somos, cicatrices que nos formaron, lecciones que nos trajeron hasta aquí. Hablamos de algo completamente diferente: de mantener viva la llama de lo que ya fue, de buscar activamente a quienes quedaron atrás, de alimentar conexiones que solo tienen un propósito—llenar un vacío que tu pareja actual no debería tener que competir por ocupar.
Existe una mentira reconfortante que muchos se cuentan a sí mismos: "No pasó nada, solo hablamos". Como si las palabras no fueran puentes, como si una conversación cargada de intención no fuera ya una forma de intimidad robada. Como si buscar en otro lado lo que debería encontrarse en casa no fuera, en esencia, una declaración silenciosa de insuficiencia.
La infidelidad no comienza cuando dos cuerpos se encuentran. Comienza mucho antes, en el momento en que alguien decide que lo que tiene no basta y empieza a buscar fuera sin tener la decencia de ser honesto consigo mismo ni con quien le espera en casa.
Mientras uno se entrega completamente—con sus miedos, sus esperanzas, su vulnerabilidad desnuda—el otro mantiene una puerta entreabierta. Por si acaso. Por nostalgia. Por ego. Por incapacidad de soltar completamente lo que ya no le pertenece.
Y ahí está el verdadero veneno: la asimetría. Porque no hay nada más agotador que amar con todo mientras el otro ama con reservas. No hay nada más doloroso que construir un futuro sobre cimientos que la otra persona nunca terminó de cerrar.
Llamémoslo por su nombre. Volver al pasado cuando tienes un presente no es nostalgia romántica ni sensibilidad especial. Es miedo. Miedo a comprometerse del todo, miedo a soltar lo conocido, miedo a que esta relación, la que está viva y latiendo ahora mismo, pueda no ser suficiente.
Pero el problema no es el pasado en sí. El problema es la mentira que se vive en el presente. El problema es decir "te elijo" con la boca mientras el corazón sigue visitando puertas que debieron quedar cerradas con llave.
La confianza es como el cristal. Puedes pegarlo después de roto, pero nunca será el mismo. Siempre quedará la grieta, siempre estará el recordatorio de que una vez se fracturó.
Y cuando alguien descubre que su pareja ha estado buscando lo que dejó atrás, no solo se rompe la confianza. Se rompe la seguridad, la tranquilidad, la certeza de que ambos están caminando en la misma dirección. Se instala una pregunta que nunca debió existir: "¿Soy suficiente?"
Si decides estar con alguien, estás tomando una decisión. Estás diciendo "entre todo lo que hay y hubo, te elijo a ti". Y esa elección viene con responsabilidades. Con la obligación del respeto, de la honestidad, de cerrar capítulos que ya no merecen páginas nuevas.
No se trata de borrar el pasado ni de fingir que otras personas no existieron. Se trata de no darles espacio en una vida que ahora le pertenece a quien está contigo. Se trata de entender que mantener esos vínculos, buscar esas conversaciones, alimentar esas conexiones es incompatible con construir algo sólido con otra persona.
Tal vez lo más valiente que puede hacer alguien en una relación es cerrarse completamente a lo demás. Decir "esto es lo que quiero" y actuar en consecuencia. Sin puertas traseras, sin planes de respaldo, sin mantener contactos que solo sirven para recordarle al ego que todavía podría tener otras opciones.
Porque al final, las relaciones sólidas no se construyen con personas que están medio adentro y medio afuera. Se construyen con quienes tienen el coraje de estar completamente presentes, de apostar todo sin guardarse cartas bajo la manga.
Y si no puedes hacer eso, si sientes que necesitas mantener vivo lo que quedó atrás, entonces quizás lo más honesto sea admitirlo. Admitir que no estás listo para construir algo real. Admitir que quien está contigo merece a alguien que no esté dividido entre lo que fue y lo que podría ser.
Porque el amor verdadero, el que vale la pena, el que construye y sostiene, no mira hacia atrás. Mira hacia adelante, con ambas manos sosteniendo las de quien eligió caminar a su lado.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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