El tiempo que no poseemos


Por: Ricardo Abud

Vivimos bajo una ilusión cómoda: la de que el tiempo nos pertenece. Lo administramos, lo planificamos, lo dividimos en agendas y calendarios como si fuera una propiedad que heredamos al nacer. Pero el tiempo no es nuestro. Nunca lo fue. Somos nosotros quienes le pertenecemos a él.

La mente humana tiene una capacidad extraordinaria para construir mundos alternativos. Un proyecto creativo, una fantasía, una pantalla encendida, una conversación que se extiende sin propósito claro ,cualquiera de estas cosas puede convertirse en un túnel sin salida visible. Entramos en ese túnel con plena conciencia y salimos horas después con la extraña sensación de haber sido robados. Pero el ladrón, claro está, fuimos nosotros mismos.

Lo más curioso no es que nos distraigamos. Lo más curioso es que a veces "sabemos" que el tiempo pasa y elegimos ignorarlo de todas formas. No por descuido, sino por una especie de pacto tácito con el instante: "deja que me quede un poco más aquí, donde todo es manejable, donde yo controlo las reglas". El mundo imaginado obedece. El mundo real, no.

Y en esa brecha entre el mundo que fabricamos y el que realmente habitamos, la vida ocurre sin testigos.

No se trata de condenar la creatividad ni el placer. Se trata de notar la diferencia entre "vivir una experiencia" y "refugiarse en ella". Entre el hombre que contempla el atardecer y el que fotografía el atardecer para no tener que sentirlo. Entre quien ama y quien construye una idea del amor que nunca expone al riesgo de ser real.

Los griegos distinguían entre "chronos" ,el tiempo medible, el de los relojes, y "kairos" ,el tiempo vivido, el instante que tiene peso y significado. Podemos pasar años enteros dentro del "chronos" sin tocar jamás el "kairos". Los años se acumulan, los recuerdos escasean.

La vida plena no exige heroísmo ni renuncia. Exige, sobre todo, presencia. Esa disciplina silenciosa de volver al cuerpo, al lugar, a la persona que tenemos enfrente. De soltar el disfraz y dejar que la realidad, con toda su aspereza y su belleza sin editar, nos encuentre donde estamos.

Porque el tiempo no se recupera. No se negocia ni se devuelve. Solo pasa. Y la única forma de poseerlo, si acaso eso es posible, es viviéndolo mientras todavía está aquí.

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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