SALMO 37, La paciencia como acto de fe


Por: Ricardo Abud

Pocos textos bíblicos abordan con tanta claridad y tanta ternura uno de los dilemas más persistentes de la experiencia humana: la aparente prosperidad de los malvados y la aparente desventaja de los justos. 

El Salmo 37 es una respuesta larga, paciente y profundamente sabia a la pregunta que en algún momento todos nos hacemos: ¿para qué vivir bien si los que viven mal parecen tenerlo todo?

La respuesta que da el salmo no es una respuesta rápida ni una explicación teológica abstracta. Es una serie de instrucciones prácticas dirigidas al corazón. La primera y más urgente: "No te impacientes a causa de los malignos." Es decir, el problema no empieza en lo que hacen los impíos; empieza en cómo reaccionamos ante ello. 

La impaciencia ante la injusticia aparente es comprensible, pero el salmo la señala como una trampa. El que se irrita y se consume mirando lo que tienen los que hacen el mal, acaba olvidando cultivar su propia vida.

El salmo propone en cambio una serie de actitudes activas: confiar en el Señor, hacer el bien, habitar la tierra, apacentarse de la fidelidad. Hay aquí una filosofía de vida que combina confianza vertical ,hacia Dios, con acción horizontal ,en el mundo. No se pide una fe pasiva que espera sentada. 

Se pide una fe activa que, confiando en Dios, se dedica a hacer el bien aquí y ahora, sin distorsionarse mirando de reojo lo que hacen los demás.
Uno de los versículos más memorables del salmo es también uno de los más malentendidos: "Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón." 

Esta frase ha sido usada como promesa de prosperidad, como fórmula para obtener lo que uno desea. Pero leída en su contexto, dice algo más profundo: cuando el deleite genuino está en Dios, los deseos del corazón se transforman. Lo que uno pide cambia cuando el centro de la vida cambia. No es una máquina expendedora; es una promesa de alineación interior.

El salmo también tiene una honestidad notable sobre el tiempo. Repite varias veces que los malvados serán cortados, que desaparecerán, que su prosperidad es pasajera. Y añade que el justo, aunque caiga siete veces, se levanta. 

No promete que el justo nunca caerá; promete que no se quedará en el suelo. La diferencia entre ambas promesas es enorme: una es irrealista, la otra es sostenible.
La figura del anciano que ha observado mucho y recuerda poco de lo que temió aparece en el pasaje: "Fui joven, y ya he envejecido, y no he visto justo desamparado." 

Esta es la perspectiva que solo da el tiempo. El joven que ve la injusticia y se desesespera, no tiene aún la visión larga que da la experiencia acumulada. El salmo, en parte, es la voz de ese anciano diciéndole al joven ansioso: espera. Mira el horizonte largo. La historia no termina aquí.

El Salmo 37 es un antídoto contra la envidia espiritual y contra la desesperación moral. Es una invitación a invertir la energía no en comparar sino en construir, no en indignarse por lo que tienen los demás sino en cultivar lo propio con paciencia y fidelidad. Su mensaje es tan urgente hoy como lo era cuando fue escrito.

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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