Hay quienes creen que la victoria se mide en el daño causado, en la traición consumada, en las palabras venenosas sembradas a espaldas ajenas. Se equivocan profundamente.
Quien piensa que salió victorioso por lastimarme, por traicionar mi confianza o por difamarme a mis espaldas, desconoce cómo funciona realmente el tiempo. Esto apenas está empezando.
El tiempo no olvida. No perdona a los que construyen su camino sobre la manipulación y el sufrimiento ajeno. Tarde o temprano, cada acción encuentra su eco, cada traición su reflejo, cada palabra mal intencionada su destino final.
A quienes disfrutan jugando con los sentimientos de otros, utilizando la confianza como arma y la lealtad como debilidad que explotar: su momento llegará. No por venganza, sino por consecuencia natural. El universo tiene memoria, y las cuentas siempre se equilibran.
Pueden sentirse victoriosos hoy, pueden regodearse en su supuesto triunfo. Pero el tiempo es largo, y la justicia del karma no se apresura—simplemente es inevitable.
Mientras ellos celebran, yo avanzo. Mientras ellos miran atrás satisfechos del daño causado, yo construyo adelante. Y cuando el tiempo haga su trabajo, como siempre lo hace, entenderán que nunca ganaron nada.
Esto apenas comienza.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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