Salmo 10, El grito desde la ausencia divina


Por: Ricardo Abud

Si el Salmo 9 es un canto de victoria, el Salmo 10 es su sombra inevitable. Algunos estudiosos creen que originalmente eran un solo poema, y la transición entre ambos refleja la experiencia humana de oscilar entre la confianza y la duda, entre la celebración y la desesperación.

El Salmo 10 es uno de los textos más inquietantes y humanos de toda la literatura bíblica. No ofrece respuestas fáciles ni consuelos instantáneos; en cambio, nos confronta con una pregunta que ha resonado a través de los siglos en el corazón de quienes sufren: ¿Por qué parece que Dios se aleja precisamente cuando más lo necesitamos?

Este salmo no es una oración de domingo por la mañana. Es el clamor desesperado de quien ve la injusticia triunfar, de quien observa cómo los malvados prosperan mientras los inocentes sufren. Es la voz de la perplejidad humana ante un mundo que parece funcionar al revés de como debería.

"¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?" Esta pregunta abre el salmo como un puñetazo en el estómago. No es una pregunta retórica; es un grito genuino de alguien que se siente abandonado precisamente cuando más necesita presencia divina.

El salmo presenta luego un retrato detallado y perturbador del impío: alguien que acecha a los pobres, que se jacta de los deseos de su alma, que dice en su corazón "No hay Dios". Este es el retrato de un depredador social, alguien que ha construido un sistema completo de vida basado en la explotación de los vulnerables. "En su corazón dice: No seré movido jamás; nunca me alcanzará el infortunio".

Lo que hace este retrato tan devastador es su realismo. El salmista no está describiendo un monstruo caricaturesco, sino comportamientos que reconocemos en nuestro mundo: la arrogancia del poder, la explotación sistemática, la violencia justificada, la convicción de que nunca habrá consecuencias.

Analíticamente, el Salmo 10 explora el problema del mal desde el ángulo de la ausencia percibida de Dios. No es que el salmista haya perdido la fe, pero está luchando con la disonancia entre lo que cree sobre Dios y lo que observa en la realidad. "¿Por qué se enorgullece el malo? ¿Por qué dice el impío en su corazón: No me pedirás cuentas?"

Desde una perspectiva cristiana, este salmo es un permiso para la honestidad brutal con Dios. No requiere que finjamos que todo está bien, que pretendamos tener certezas que no tenemos, o que suprimamos nuestras dudas y frustraciones. El lamento es una forma legítima de oración, quizás la más honesta de todas.

Emocionalmente, el Salmo 10 valida la experiencia de quienes se sienten invisibles en su sufrimiento. "Porque tú has visto la aflicción y el dolor, lo miras para tomarlo en tu mano" esta declaración es un acto de fe radical cuando toda la evidencia parece apuntar en la dirección opuesta.

El salmo termina con una nota de esperanza: "Tú, oh Señor, has escuchado el deseo de los humildes; tú fortalecerás su corazón". Pero esta esperanza no borra la agonía que la precedió. Ambas cosas coexisten: el grito de "¿dónde estás?" y la confianza de que, de alguna manera, somos vistos.

Este salmo habla a todos los que han experimentado el silencio de Dios, a quienes han clamado en la noche sin recibir respuesta, a quienes han visto prosperar la maldad mientras los justos sufren. No ofrece explicaciones teológicas pulidas, sino la cruda admisión de que la vida de fe a menudo implica vivir en la tensión entre la confianza y el desconcierto, entre la esperanza y la desesperación.

El Salmo 10 no nos ofrece soluciones fáciles al problema del mal y el sufrimiento. No explica por qué Dios permite la injusticia ni por qué a veces parece ausente. Lo que nos ofrece es algo más valioso: un modelo de cómo vivir en la tensión entre la fe y la realidad, entre la promesa y la experiencia.

Nos enseña que la fe auténtica incluye espacio para las preguntas difíciles. Que podemos llevar nuestras dudas más profundas, nuestras frustraciones más intensas, directamente a Dios sin pretender que no existen. El salmista no es castigado por su honestidad; su honestidad se convierte en oración.

Nos muestra que la fe no significa cerrar los ojos ante la injusticia, sino mantenerlos abiertos y clamar por cambio. La espiritualidad genuina no es escapismo; es compromiso con la realidad tal como es, mientras se anhela y se trabaja por la realidad como debería ser.

Desde una perspectiva cristiana, este salmo resuena profundamente con la experiencia de Jesús, quien también gritó “¿Por qué me has abandonado?” desde la cruz. Jesús no solo respondió al salmo; lo vivió. Experimentó la aparente ausencia de Dios en el momento más oscuro. Y precisamente en ese momento de abandono aparente, según la fe cristiana, Dios estaba más presente, trabajando la redención del mundo.

El Salmo 10 nos invita a una fe adulta, una fe que puede sostener la paradoja, que puede gritar y confiar al mismo tiempo, que puede sentirse abandonada y aun así no abandonar. Es un salmo para los que luchan, para los que dudan, para los que se niegan a aceptar respuestas fáciles a preguntas difíciles.

En última instancia, este salmo es un regalo para todos los que alguna vez se han sentido aplastados por la injusticia, abandonados por el cielo, perplejos ante el silencio de Dios. Nos dice que no estamos solos en nuestras preguntas, que nuestros gritos tienen un lugar en la conversación con lo divino, y que incluso cuando no entendemos, podemos seguir creyendo que al final, la justicia, la misericordia y el amor tendrán la última palabra.​​​​​​​​​​​​​​​​

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

Publicar un comentario

0 Comentarios