Querido Juan:
Hoy, mientras el sol entra por la ventana con esa suavidad especial que solo parece reservada para los días de tu cumpleaños, me he quedado un largo rato observándote. A veces, cuando el mundo parece ir demasiado rápido, tu sola presencia hace que el tiempo se detenga, obligándome a mí, y al universo entero, a quedarnos callados solo para contemplar el milagro de tu existencia.
Te veo ahí, siendo esa risa que ya no tiene miedo de alzar el vuelo, y me maravilla ver cómo tus pasos pequeños tan firmes, tan llenos de determinación están empezando a trazar el mapa de un camino que será tuyo y solo tuyo. Me pregunto cuántas preguntas estarán bailando ahora mismo en tu cabeza, esperando ser formuladas al mundo. Nunca dejes de hacerlas. Esa curiosidad es la fuerza más noble que tienes, la que te permitirá descubrir quién eres realmente.
Quiero hablarte de lo que significa crecer, ahora que estás empezando este viaje. Espero que la vida siempre te reciba con días de luz clara, pero no te asustes cuando lleguen las sombras. Son parte del paisaje. Crecer es aprender a ser como el río que nunca se detiene, que sortea las piedras y sigue adelante, pero que siempre, en lo más profundo de su corriente, lleva la memoria del agua que lo vio nacer. Nunca olvides tu fuente, Juan; ahí están tus raíces, el amor que te sostiene y la historia que te precede, en tu pais que te ahnela.
Te pido un favor que espero cumplas toda tu vida: no permitas que tu corazón se canse de soñar despierto. En los momentos en los que el camino se sienta pesado, deja que la bondad sea tu brújula; ella te llevará siempre a buen puerto, sin importar lo difícil que parezca el sendero.
Hoy celebramos tu vida porque sé, con absoluta certeza, que eres algo único, irrepetible. Eres el comienzo de todo lo que está por venir. Gracias por enseñarme, con solo estar aquí, que el mundo siempre tiene la oportunidad de empezar de nuevo.
Feliz cumpleaños, nieto amado.

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