Por: Ricardo Abud
Catorce años desde su primera publicacion. No es un número menor. Es tiempo convertido en palabras, en madrugadas frente a una pantalla, en ideas que nacieron como inquietud y terminaron siendo ensayo, cuento, reflexión, o simplemente el registro honesto de un día vivido.
Cuando comencé este blog, no tenía garantías de nada. Solo tenía la necesidad de escribir y la convicción de que lo que uno siente, piensa y observa merece ser dicho con claridad. Hoy, con 14 años recorridos, con más de 400 publicaciones y muchas ya programadas, bajo el nombre que me identifica, con Salmos comentados, viajes narrados, sátiras escritas con humor pero con dientes, y un diario que plasma mi dia a dia, puedo decir que esta página es lo que siempre quise que fuera: un espacio auténtico.
En el camino han aparecido las críticas. Algunas legítimas, que agradezco. Otras, maliciosas, nacidas no del desacuerdo intelectual sino del deseo de reducir, de minimizar, de etiquetar. Me han llamado bocón. Presumido. Hasta abusador. Han dicho que esta es "tu paginita", como si el diminutivo pudiera achicarlo todo. Han intentado que la vergüenza hiciera lo que ellos no pudieron hacer con argumentos: silenciarme.
No funcionó.
Y no funcionó gracias a ustedes, los que sí leen. Los que llegan a este blog buscando algo real y encuentran exactamente eso. Los que comparten una entrada porque algo les tocó. Los que regresan semana a semana sin que nadie se los pida. Los que entienden que escribir sobre las relaciones humanas, sobre el estoicismo, sobre la fe, sobre los viajes del alma, no es desprestigiar a nadie. Es simplemente pensar en voz alta, con honestidad y sin miedo.
A todos ustedes, gracias. Gracias por leer cuando otros preferían ignorar. Gracias por quedarse cuando otros se fueron a murmurar. Gracias por entender que una palabra escrita con verdad vale más que mil comentarios anónimos cargados de envidia.
Aquí seguimos. Catorce años después, con más claridad que nunca.
La Palabra Escrita. Siempre.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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