Por: Ricardo Abud
Convengamos algo, de una vez por todas: la prueba de amor no es una hamburguesa de triple carne. Eso lo hace cualquier restaurante con luces LED, meseros que te miran como si les debieras la vida y una música tan alta que impide cualquier conversación inteligente. La verdadera prueba de amor es cuando alguien te mira a los ojos y te dice: "No tengo para el sushi, pero tengo una masa de harina pan, un paquete de Diablito, queso guayanes y toda la intención de que salgas rodando de aquí".
Hablemos de la Rueda de Camión. Esto no es una arepa; es un evento geológico. Es un disco de masa que necesita permiso de circulación, un plano topográfico y un mapa de riesgos para ser ingerido. Y el relleno es el toque maestro: el Diablito y queso guayanes. ¿Qué es el Diablito? Nadie lo sabe. Es ese producto que la ciencia todavía no explica cómo puede saber tan bien siendo, técnicamente, una lata de sospechas procesadas. Comerse una rueda de camión con diablito y queso guayanes es una experiencia religiosa; los egipcios construyeron pirámides, nosotros construimos arepas que podrían servir de escudo anti-motines si la cosa se pone fea.
Luego viene la propuesta cultural: streaming de guerra. Olvídate de Netflix, que esa cuenta prestada se esfumó en el éter cuando el dueño cambió la contraseña. Aquí vamos con streaming de trinchera, de ese que viene con búfer, ese que llaman Xuper, que con "un momentico que se congeló la imagen", y con una resolución que parece mosaico de baño de los años 80. Si la película se pega, no te preocupes: tenemos tiempo de sobra para inventar finales alternativos o aquellos que llaman Happy End, donde los protagonistas, al igual que nosotros, también se están comiendo una arepa en la cocina porque no les alcanzó para el cine. Eso, amigos míos, es cine independiente de alta escuela.
Y si la noche fluyó, llega el acto final: el desayuno. No es un buffet de hotel 5 estrellas, es un "buen beta". Café primero, que es el combustible que mantiene a este país girando, directo a la cama y después, algo que suena tan prometedor que te hace olvidar que el dólar subió. Es la victoria final: pan (Canilla) con mortadela y cafe con leche, podria incluso llevar queso blanco duro, rayado.
Es táctico, ese desayuno despues de un cafe y una noche de amor, no tienes hambre hasta el 2027. Es honesto, ya que aquí no hay manteles de tela que te obligan a sentarte derecho; aquí se come como gente, con las manos y el alma. Es inolvidable, porque un restaurante caro se olvida, pero una rueda de camión con alguien que te hace reír hasta que el diablito se te sale por la nariz, eso queda grabado en la historia de la humanidad o, al menos, en la tuya.
Así que, querido lector, deja de buscar la Hamburguesa triple de carne. Si alguien te ofrece una rueda de camión, no le pidas factura ni le busques los tres patas al gato. Saca el café, dale play a esa película que se congela cada diez segundos y agradece que, en medio de la crisis, encontraste a alguien que sabe que el amor no se mide en gramos de carne, sino en la capacidad de compartir una arepa gigante sin reventar en el intento.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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