Alegoria al Salmo 44 publicado el 24 de junio


Por: Ricardo Abud 

Tengo varios meses meses analizando la palabra inmersa en los salmos, el día 24 de este mes día de la tragedia que nos ha tocado vivir a todos los venezolanos, publique temprano, mis  consideraciones sobre el salmo 44. Considero muy oportuno estas reflexiones después de lo sucedido y publicado el Salmo. 

Hay momentos en que la realidad parece darle voz a las Escrituras. No porque un pasaje bíblico anuncie un acontecimiento específico, sino porque su contenido encuentra un eco sorprendente en lo que viven los pueblos. Eso ocurre con el Salmo 44 frente a los acontecimientos que marcaron aquel día, entre ellos el terremoto ocurrido en Venezuela.

Existe, además, una coincidencia difícil de pasar por alto. El Salmo 44 fue publicado precisamente ese día, antes de que se conocieran los acontecimientos. No se trata de afirmar que el salmo predijera lo sucedido ni de atribuirle un carácter profético en relación con ese evento. Sin embargo, resulta llamativo que un texto cuyo eje central es el clamor de un pueblo en medio de la conmoción, la incertidumbre y el quebranto haya sido compartido justo cuando la tierra terminaría sacudiéndose. Esa coincidencia invita, al menos, a la reflexión.

El Salmo 44 comienza recordando que Dios ha actuado a favor de su pueblo en el pasado. Es la memoria de un Dios que guía, protege y sostiene. Sin embargo, ese recuerdo pronto da paso a una profunda tensión: la comunidad experimenta dolor, desconcierto y una sensación de abandono. No entiende por qué, si mantiene viva su fe, atraviesa circunstancias que sacuden todo lo que parecía firme.

Esa es precisamente la fuerza del salmo. No niega la realidad del sufrimiento ni pretende disfrazarla con optimismo superficial. Reconoce que existen días en los que la tierra, en sentido literal o simbólico, se mueve bajo nuestros pies. Días en los que las certezas parecen quebrarse y las preguntas pesan más que las respuestas.

El terremoto vivido en Venezuela se convierte en una imagen poderosa de esa realidad. Cuando el suelo tiembla, el ser humano descubre cuán frágil es aquello que consideraba estable. El movimiento de la tierra recuerda también las sacudidas espirituales, sociales y personales que atraviesan las naciones.

El Salmo 44 no ofrece respuestas fáciles. Más bien enseña que la fe auténtica también sabe preguntar, llorar y esperar. Su mensaje no es el del miedo, sino el de una confianza que permanece incluso cuando todo parece desmoronarse.

Quizá por eso la coincidencia entre la publicación del salmo y lo ocurrido ese mismo día resulta tan sugestiva. No constituye una prueba de un anuncio profético, pero sí una invitación a contemplar cómo la Palabra de Dios sigue dialogando con la realidad humana. Hay ocasiones en que los acontecimientos parecen iluminar un texto bíblico; otras veces es el texto el que ilumina los acontecimientos. En este caso, ambas cosas parecieron encontrarse en un mismo día, recordándonos que, aunque la tierra tiemble, la búsqueda de Dios sigue siendo el lugar donde el corazón encuentra firmeza.

 Y eso, al final, ya no es tu carga.

Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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