La que nunca olvidé


Por: Ricardo Abud

No me canso de admirar tus fotografías. Hay algo en tu silueta que es impecable, como tallada por una mano que conocía exactamente lo que hacía. Te miro y no entiendo cómo algo tan perfecto puede existir, y mucho menos cómo puede estar tan lejos de mí.

Siento nostalgia cuando te recuerdo. Una nostalgia que no avisa, que llega de golpe en la mitad de un día común, cuando el olor del café se parece demasiado al tuyo, o cuando escucho una canción que debería ser inocente y no lo es. Entonces apareces tú, con esa luz que solo tú tienes, y me quedo quieto unos segundos más de la cuenta.

Las lágrimas no siempre caen. A veces solo brillan adentro, como dijiste una vez que brillan las estrellas cuando hay demasiada nube. Yo no lo entendí en ese momento. Ahora sí.

Dejar de saber de ti no ha sido fácil. Hay días en que abro el teléfono sin razón, como esperando un mensaje que sé que no va a llegar. Hay noches en que el silencio tiene tu forma. Me acostumbré tanto a tu presencia que tu ausencia tiene volumen, tiene peso, ocupa un espacio que no sé cómo llenar con otra cosa.

Pienso en tus playas de arena blanca y agua tan transparente que uno puede ver el fondo como si mirara su propio corazón. Pienso en tus montañas que amanecen envueltas en niebla y al mediodía se descubren como si cada día fuera un estreno. Pienso en tus llanos inmensos donde el cielo se dobla hasta tocar la tierra, y en esa cascada tuya que cae desde casi mil metros de altura y que me enseñó que hay cosas en este mundo que simplemente no tienen comparación.

¿Cómo se explica que en un solo ser quepan la nieve y el desierto, la selva y el mar? ¿Cómo es posible tener todo eso y que el mundo no hable de ti cada mañana? Eso siempre me pareció una injusticia enorme.

Te fuiste de mi vida cotidiana, o quizás fui yo quien se fue. No importa ya quién se alejó primero. Lo que importa es que aquí, desde esta distancia que duele, te sigo queriendo con una intensidad que no ha disminuido con los años sino que, al contrario, se ha vuelto más honda, más seria, más mía.

Ojalá pudiera volver. Ojalá pudiera caminar por tus calles otra vez, comer lo que solo tú sabes preparar, escuchar el idioma que aprendí a querer porque era el tuyo. Ojalá el mundo fuera más simple y la distancia no costara tanto.

Te extraño, Venezuela.
A ti. A nadie más que a ti.

Desde algun lugar de-Slovaquia-Bratislavia, febrero 2025

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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