Dios Sigue Escribiendo


Por: Ricardo Abud 

Las despedidas suelen dejar preguntas que no siempre encuentran respuesta. Cuando alguien importante decide marcharse, el corazón busca explicaciones, razones y, muchas veces, una oportunidad para recuperar lo que se perdió. 

Sin embargo, no todas las ausencias están destinadas a ser llenadas por las mismas personas que se fueron. Algunas llegan para enseñarnos que nuestro valor, nuestra paz y nuestro propósito no dependen de la permanencia de otros, sino de la voluntad de Dios para nuestra vida.

No persigas a quienes decidieron irse. Si tuvieron la libertad de salir de tu vida, dales también la libertad de perderse lo que Dios hará contigo. Aunque el dolor de una separación sea real, insistir en retener a quien ya decidió partir solo prolonga una herida que necesita sanar. El amor, la amistad y los vínculos genuinos no pueden sostenerse mediante la presión, la culpa o la insistencia. Lo que está destinado a permanecer no necesita ser obligado a quedarse.

Muchas personas interpretan las despedidas como fracasos, como si cada puerta cerrada representara una derrota. Sin embargo, la vida espiritual nos enseña algo diferente. Una puerta que se cierra no siempre es el final de una historia; en ocasiones, es simplemente el comienzo de un nuevo capítulo. Dios ve mucho más allá de lo que nosotros podemos comprender en el presente. Mientras nosotros observamos una pérdida, Él contempla el propósito que está desarrollando.

Las ausencias duelen porque nacimos para amar, compartir y construir relaciones. Es natural sentir tristeza cuando alguien se aleja. No obstante, el sufrimiento no debe convertirse en una residencia permanente para el alma. Dios no desea que vivamos atrapados en lo que ya terminó, sino que aprendamos a caminar con esperanza hacia lo que aún está por venir.

En Hebreos 13:5 se encuentra una de las promesas más consoladoras de toda la Biblia ("No te desampararé, ni te dejaré"). Estas palabras tienen un valor inmenso cuando atravesamos momentos de pérdida. Las personas pueden cambiar de opinión, tomar distancia o desaparecer de nuestro camino, pero Dios permanece. Su presencia no depende de las circunstancias ni de las decisiones de quienes nos rodean. Cuando otros se van, Él continúa a nuestro lado.

Muchas veces dedicamos demasiada energía a lamentar quién ya no está, sin darnos cuenta de que la vida sigue ofreciendo nuevas oportunidades. Mientras una persona se aleja, Dios puede estar preparando encuentros que todavía no imaginamos, amistades más sinceras, proyectos más grandes o experiencias que nos ayudarán a crecer. El problema es que, cuando permanecemos mirando hacia atrás, dejamos de ver las bendiciones que están delante de nosotros.

También es importante comprender que no todas las personas que llegan a nuestra vida están destinadas a quedarse para siempre. Algunas forman parte de una etapa específica de nuestro crecimiento. Otras nos enseñan lecciones que solo comprendemos con el paso del tiempo. Incluso las despedidas más dolorosas pueden convertirse en herramientas que fortalecen nuestro carácter, nuestra fe y nuestra capacidad para valorar lo verdaderamente importante.

Con frecuencia sentimos que quienes se marchan están escribiendo el final de nuestra historia. Sin embargo, esa percepción nace de una visión limitada. Ningún ser humano tiene autoridad para determinar el destino que Dios ha preparado para nosotros. Mientras algunos consideran que nuestra mejor etapa quedó atrás, Dios sigue escribiendo páginas que todavía no hemos leído. Mientras otros cierran capítulos, Él continúa desarrollando la obra que comenzó.

La fe nos permite entender que nuestra identidad no depende de quién decidió quedarse ni de quién eligió partir. Nuestro valor proviene de Dios. Su amor no disminuye cuando somos rechazados ni aumenta cuando somos aceptados. Él nos ama con la misma intensidad en los momentos de compañía y en los momentos de soledad. Esa certeza transforma la tristeza en fortaleza y la incertidumbre en confianza.

Por eso, cuando alguien decida alejarse, no conviertas su ausencia en el centro de tu vida. Agradece lo bueno que dejó, aprende de la experiencia y continúa avanzando. El futuro no está en manos de quienes se fueron, sino en las manos de Dios. Y mientras algunos escribieron lo que creían que sería tu final, Él continúa escribiendo tu destino.

Puedo haberme ido, puedes haberte ido, pero si Dios tiene diseñado un regreso para nosotros, sucederá más allá de nuestras decisiones. Es humano perderse y soltar la mano del otro, pero la fidelidad de Dios hacia quienes confían en Él es inquebrantable.

Quizás hoy sientas que nos hemos alejado o que este camino terminó, pero si es la voluntad de Dios que volvamos a estar juntos, nuestro regreso será inevitable, incluso a pesar de nosotros mismos. Las personas podemos flaquear y abandonar el rumbo, pero Dios jamás abandona a quienes confían en Él. Mientras sea Él quien siga escribiendo nuestra historia, ningún capítulo doloroso tendrá la última palabra; el amor que Él permite siempre encontrará la forma de volver a casa.

 Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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