Mi diairo hoy, Viernes 24 de Julio


Querido diario:
Viernes 24 de julio 2026
El Cumpleaños

Hoy el tiempo volvió a pronunciar mi nombre. El calendario insistió en recordarme que sigo aquí, aunque por dentro los relojes parezcan haberse detenido hace mucho. Todos sonríen cuando una fecha decide abrazar un año más, pero hay celebraciones que llegan vestidas de luto. Hay velas que no iluminan, solo hacen más visibles las sombras.

El mundo parece haberse acostumbrado a romperse. Hay grietas que cruzan montañas, ciudades, hogares... y otras que atraviesan el pecho sin que nadie pueda fotografiarlas. Las primeras despiertan compasión; las segundas aprenden a esconderse detrás de un "estoy bien". Hay días en los que el mundo aprende a derrumbarse sin hacer ruido. Se agrietan los cimientos, el horizonte cambia de dueño y hasta el aire parece cargar un peso que nadie alcanza a describir. Sin embargo, la rutina continúa su marcha, como si las ruinas también supieran fingir normalidad.

A veces siento que todo cuanto amé se convirtió en un idioma que ya nadie habla. Camino entre recuerdos que siguen respirando, aunque hace tiempo dejaron de pertenecer al presente. He descubierto que existen ausencias capaces de ocupar más espacio que cualquier presencia. No hacen ruido, pero conversan con uno a todas horas: se sientan a la mesa, caminan a mi lado y se acuestan antes que yo. Es extraño cómo una ausencia tan silenciosa puede hacer tanto ruido en el interior, y cómo hay batallas que nadie ve porque ocurren únicamente detrás de los ojos.

He aprendido que existen noches donde dormir no significa descansar, sino volver a encontrarse con los mismos fantasmas. Ellos conocen cada rincón de mi memoria y nunca preguntan si pueden entrar. Simplemente llegan... y se quedan. Hoy no celebré nada; apenas observé cómo la vida pasaba frente a mí con la elegancia de quien ya no espera ser detenida.

Hoy entendí que la soledad no consiste en estar sin compañía. La verdadera soledad es mirar alrededor y descubrir que nadie alcanza a escuchar el estruendo con el que se desmorona un corazón cuando decide hacerlo en silencio. Quizá lo más difícil no sea perder el rumbo, sino seguir caminando cuando todo alrededor parece empeñado en parecer intacto. Hay paisajes que solo existen después de una tormenta, y personas que aprenden a sonreír con el corazón lleno de escombros.

Y, sin embargo, aquí estoy.

Con las manos vacías y el alma llena de preguntas. Intentando recoger los pedazos de un horizonte que insiste en alejarse cada vez que creo alcanzarlo. Sonriendo por costumbre, respirando por disciplina y esperando, quién sabe qué, como quien permanece en una estación donde hace mucho dejó de pasar el último tren.

Si alguien llegara a leer estas líneas, tal vez piense que hablan del paso del tiempo, del clima o del destino. Ojalá nunca descubra que, en realidad, son el eco de todo aquello que aún no he podido despedir y el mapa de ese lugar donde aún intento reconstruirme sin que nadie note cuánto falta.

Hoy no pedí deseos.

Solo miré al cielo con la esperanza de que, por una vez, el peso que llevo por dentro encontrara un lugar distinto donde descansar. Porque incluso las almas más fuertes terminan cansándose de fingir que no sangran.

Y mientras el mundo sigue girando, yo continúo aquí... respirando. Como esa última luz que se niega a abandonar el horizonte, aunque la noche lleve horas convencida de haber vencido, aprendiendo la forma más difícil de existir: sobreviviendo sin que nadie note cuánto me cuesta.

Feliz cumpleaños para mi. 

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

Publicar un comentario

0 Comentarios