Por: Ricardo Abud
Hoy no celebramos solamente el cumpleaños de una hermana. Hoy celebramos la vida de una mujer extraordinaria, de esas que no necesitan grandes discursos para demostrar quiénes son, porque sus actos hablan por ellas.
Neyeska ha sido y sigue siendo una mujer hecha para la batalla. Una mujer fuerte, valiente, entregada y, sobre todo, profundamente amorosa. Durante años, el cuidado de mamá estuvo en sus manos y ella asumió esa responsabilidad con una abnegación que difícilmente podrá olvidarse. Mamá nunca tuvo de qué quejarse. Al contrario: recibió de Neyeska todo el amor, toda la paciencia y toda la ternura que una madre puede desear.
Todos estuvimos allí, porque mamá era de todos. Pero fue Neyeska quien estuvo muchas veces en su cabecera, quien veló sus noches, quien estuvo pendiente de sus necesidades, quien incluso vigiló su sueño cuando el cansancio seguramente le pedía que cerrara los ojos. Y eso dice muchísimo de la mujer que es.
Porque cuidar a alguien cuando todo está bien es fácil. Lo verdaderamente grande es permanecer cuando llegan el dolor, el cansancio, la incertidumbre y las noches interminables. Neyeska permaneció. Y en esa permanencia dejó una huella que nadie debería borrar de la memoria.
También ha sido, de una manera hermosa y silenciosa, la mamá de todos sus sobrinos y sobrinas. Ha dado cariño, consejos, protección y presencia. Quizás a algunos la memoria les falle de vez en cuando, pero quienes hemos visto de cerca su manera de amar sabemos que esa huella está allí y que no se puede borrar.
Hoy, la vida nos permite celebrar a Neyeska desde un lugar distinto: más unidos, más conscientes del valor de la familia y quizá también más agradecidos por tenernos unos a otros. Y aunque la distancia nos separe físicamente, no existe distancia capaz de romper los vínculos que nacen del amor verdadero.
Hoy estamos contigo, manita. Cada uno desde donde está, pero todos abrazándote con el corazón.
Quiero que sepas que tu vida tiene un significado enorme para nuestra familia. Que tus sacrificios no fueron invisibles. Que tus desvelos tuvieron sentido. Que tu amor fue recibido, aunque quizás no siempre haya sido reconocido como merecía. Y que, por encima de cualquier diferencia, el amor que nos une como hermanos permanece.
En este cumpleaños deseo que la vida te devuelva, multiplicado, todo aquello que tantas veces entregaste a los demás: amor, cuidados, ternura, compañía, paciencia y momentos de felicidad. Después de tantos años dando tanto, también mereces recibir mucho.
Que Dios bendiga tus caminos, que te conceda salud, tranquilidad y muchos años más para seguir compartiendo esta vida con quienes te queremos. Que nunca te falten razones para sonreír, brazos donde descansar y personas que te recuerden cuánto vales.
Feliz cumpleaños, Neyeska. Feliz cumpleaños, manita.
Hoy te celebramos, pero también te honramos. Celebramos a la hermana, a la hija, a la tía, a la mujer luchadora y a ese corazón enorme que tantas veces estuvo dispuesto a darlo todo por los demás.
Te queremos muchísimo. Y aunque hoy nos separen kilómetros, nuestros corazones están juntos alrededor de ti, celebrando tu vida como si estuviéramos todos en la misma habitación.
Que tengas un cumpleaños maravilloso, manita. Que este nuevo año de vida sea más generoso contigo de lo que la vida muchas veces ha sido. Te mereces todo el amor del mundo.
¡Feliz cumpleaños, Neyeska! Te abrazamos con el alma.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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