En el ajedrez, puedes perder a la reina la pieza más poderosa del tablero y aún así continuar la partida. Puedes sacrificar torres, alfiles, caballos. Puedes quedarte prácticamente sin ejército. Pero el juego solo termina cuando cae el rey. Esa pieza aparentemente débil, que apenas se mueve un paso a la vez, es en realidad el centro de todo. Sin el rey, no hay partida.
Cuando una mujer te deja, muchos hombres sienten que han perdido a la reina. Y duele. Claro que duele. La reina es poderosa, valiosa, irremplazable en cierto sentido. Pero aquí está la verdad que a veces olvidamos en medio del dolor: perder a la reina no significa que cayó el rey.
El rey eres tú. Tu esencia, tu dignidad, tu capacidad de seguir en pie.
Puede que sientas que perdiste la partida. Que el tablero se vació. Que ya no tiene sentido mover las piezas. Pero mientras tú sigas de pie, mientras tu corazón siga latiendo y tu espíritu conserve aunque sea una chispa de esperanza, la partida continúa.
Muchos hombres confunden estas dos cosas: creen que cuando pierden a esa mujer, cayó su rey. Se derrumban completamente. Dejan de cuidarse, de soñar, de creer en sí mismos. Se rinden.
Pero eso es entregar voluntariamente al rey. Eso es declararte jaque mate a ti mismo cuando todavía tienes movimientos posibles.
Sí, ella era importante. Sí, tal vez era tu compañera, tu confidente, tu amor. Pero no era tú. No era tu valor intrínseco como ser humano. No era tu capacidad de amar de nuevo, de reconstruirte, de descubrir que incluso con menos piezas en el tablero, aún puedes jugar una partida hermosa.
Perder a alguien que amas es perder una parte de tu estrategia de vida. Es reorganizar todo el tablero. Es aprender a jugar de manera diferente. Y está bien llorar esas piezas perdidas. Está bien sentir el vacío donde antes había compañía.
Pero mírate al espejo y recuerda: el rey sigue en pie.
Tú sigues aquí. Tu historia no termina porque un capítulo se cerró. Puedes reinventarte. Puedes sanar. Puedes, eventualmente, volver a amar y ser amado, pero esta vez desde una versión más sabia de ti mismo.
Así que cuando una mujer te deje, permítete sentir. Llora si necesitas llorar. Grita si necesitas gritar. Pero no confundas el dolor de perder una pieza valiosa con la derrota total.
La partida termina cuando cae el rey, no cuando se va la reina.
Y tú, hermano, todavía estás en el juego.
Todavía puedes mover. Todavía puedes ganar. Todavía puedes construir algo hermoso con las piezas que te quedan.
Porque la pieza más importante siempre fuiste tú.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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