Mi diario hoy


Lunes, 2 de febrero de 2026
Querido diario:

Son las 8:25 de la noche aquí en Moscú,  pero mi alma sigue anclada en la 1:25 de la tarde venezolana, como murciélago desorientado que no sabe si dormir o trabajar.

Crucé la puerta de mi apartamento como astronauta regresando de misión espacial: cansado, victorioso, listo para el merecido descanso. Pero no. El universo tenía otros planes. Natasha me esperaba con esa mirada que congela más que el frío arrecho que azota afuera. Una mirada que decía todo sin decir nada, como discurso de ministro venezolano.

—¿El pan? —me lanzó la pregunta como granada sin seguro.

Yo, inocente cordero camino al matadero, parpadeé confundido. ¿Cuál pan? ¿De qué me habla esta mujer que amo y que ahora parece fiscal del Ministerio Público investigándome por traición a la patria hogareña?

—Te mandé un mensaje —sentenció ella, cruzándose de brazos en posición de Terminator evaluando target.

Mi celular. Mi traidor celular yacía muerto en mi bolsillo como evidencia de crimen perfecto. Cero batería. El mensaje flotaba en algún limbo digital, recibido pero jamás leído, como constitución en dictadura.

Y ahí estoy yo ahora, preparándome para salir al Ártico criollo. Porque sí, el frío está TAN arrecho que hasta los esquimales pedirían chocolate caliente. Tan brutal que las moléculas de aire se mueven en cámara lenta.

Pero espera, porque la tragedia tiene segundo acto: también se acabaron los cigarros. Claro. Porque cuando llueve, no llovizna, cae diluvio universal con granizo incluido.

Así que aquí voy, mártir moderno, a cruzar la tundra urbana en busca del Santo Grial de la convivencia doméstica: pan y cigarros. Dos elementos tan esenciales para la paz mundial como el petróleo para Venezuela.

Me calzo las botas como soldado yendo al frente. Me envuelvo en la chaqueta como momia egipcia. 

Porque he aprendido, querido diario, que en esta vida hay dos verdades absolutas: una, nunca olvides el pan cuando te lo piden. Y dos, tu celular SIEMPRE se quedará sin batería en el momento más inconveniente posible.

Voy a la guerra. Si no regreso, que sepan que morí por amor... y por nicotina. Desde la ventana me grito: Compra una botella de Stalishnaya, buena señal, hay guerra esta noche. 

Continuará... si sobrevivo al frío.

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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