El Salmo 19 es una meditación sublime sobre las dos formas fundamentales en que Dios se revela a la humanidad: a través de la creación natural y mediante su Palabra escrita. Este salmo, dividido claramente en dos secciones complementarias, presenta una teología integrada donde la revelación general y la revelación especial se armonizan para conducir al creyente hacia una vida de integridad y comunión con Dios.
La primera parte del salmo celebra la revelación de Dios en la naturaleza. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos". Esta declaración inicial establece que la creación no es muda sino elocuente, que constantemente proclama la grandeza del Creador. El salmista observa que día tras día y noche tras noche, la creación "emite palabra" y "declara sabiduría", aunque se trata de un lenguaje sin palabras audibles ni voces comprensibles para el oído humano. Es un testimonio universal que trasciende las barreras lingüísticas y culturales, alcanzando hasta los confines del mundo habitado.
El ejemplo culminante de esta revelación natural es el sol, descrito con imágenes de belleza excepcional. Como un novio que sale de su cámara nupcial, el sol emerge cada mañana con esplendor y frescura. Como un atleta vigoroso que se alegra al recorrer su camino, el sol atraviesa el cielo con fuerza y regularidad. Su calor alcanza todos los rincones de la tierra, sin que nada escape a su influencia. Esta descripción poética del sol no es adoración solar sino reconocimiento de que las estructuras ordenadas y majestuosas del cosmos apuntan hacia un Creador sabio y poderoso.
La segunda parte del salmo cambia de enfoque dramáticamente, pasando de la revelación natural a la revelación especial de la Ley de Dios. El salmista emplea seis sinónimos para referirse a la Torá: ley, testimonio, mandamientos, preceptos, mandamiento y juicios. Cada término recibe un adjetivo que describe sus cualidades: perfecta, fiel, rectos, puros, limpio, verdaderos y justos. Esta acumulación de términos y calificativos enfatiza la excelencia multifacética de la revelación divina escrita.
Más importante aún, el salmo describe los efectos transformadores de la Palabra de Dios en el creyente. La ley perfecta "convierte el alma", restaurando y renovando la vida humana. El testimonio fiel "hace sabio al sencillo", proporcionando discernimiento incluso a quienes carecen de sofisticación intelectual. Los mandamientos rectos "alegran el corazón", produciendo gozo interior genuino. El precepto puro "alumbra los ojos", otorgando claridad de visión espiritual. Esta lista de beneficios demuestra que la Palabra de Dios no es simplemente información abstracta sino poder transformador que afecta todas las dimensiones de la existencia humana.
El salmo concluye con una oración personal de auto-examen y consagración. El salmista, habiendo contemplado la revelación de Dios en la creación y en la Palabra, se vuelve hacia su propia condición interior. Pregunta: "¿Quién podrá entender sus propios errores?", reconociendo la dificultad de conocerse a uno mismo completamente. Pide ser limpiado de faltas ocultas y preservado de pecados de soberbia. Finalmente, ofrece sus palabras y meditaciones como ofrenda aceptable ante Dios, reconociéndolo como su "roca" y "redentor".
El Salmo 19 nos enseña que Dios no ha dejado a la humanidad sin testimonio de su existencia y carácter. La creación nos habla de su poder y creatividad; su Palabra nos revela su voluntad y nos transforma interiormente.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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