Mi diairo hoy


Martes 12 de mayo

Querido diario:
Tu recuerdo vivo

Cada día continúo experimentando emociones que contrastan profundamente con el estado de paz y serenidad que hoy acompaña mi vida en esta glamorosa ciudad, cuna de mi juventud. 

Amo profundamente a Moscú. Caminar por sus avenidas, respirar el aire frío de sus noches y mirar sus luces reflejarse sobre la ciudad me hace sentir que, de alguna manera, siempre pertenecí aquí.

Sin embargo, dentro de esa calma persisten sentimientos encontrados que desordenan mi conciencia emocional. La distancia no ha conseguido borrar los recuerdos de Caracas. Sus calles siguen intactas en mi memoria, igual que su gente, su ruido interminable y esa energía caótica que parecía no agotarse nunca. Aquí la noche cae temprano mientras allá todavía sobrevive el bullicio del día. La diferencia horaria entre ambas ciudades hace que, cuando Moscú comienza a dormirse, Caracas aún continúe despierta, respirando con intensidad. 

Muchos imaginan a esta ciudad como un lugar frío y distante, pero la realidad es distinta. Las personas aquí no son tan recatadas como tantos creen; detrás de cada mirada reservada existe una historia, una nostalgia o una forma distinta de demostrar afecto. Poco a poco he aprendido a entender ese lenguaje silencioso.

El domingo pensé mucho en mi amada madre. Los recuerdos llegaron sin avisar, como suelen hacerlo las cosas importantes. También recordé a todas esas madres cercanas a mi vida, mujeres que dejaron huellas imposibles de borrar. Durante algunos momentos sentí una tranquilidad absoluta, una certeza serena de estar exactamente donde siempre soñé estar. Moscú me abraza de una manera difícil de explicar.

Pero aun así, existe algo que permanece atado a Caracas. O quizás alguien.

Hay una presencia que todavía me llama desde la distancia, como si el pensamiento pudiera atravesar océanos y husos horarios. A veces siento que ciertos recuerdos no descansan, que continúan buscándome en medio de la madrugada moscovita. No sé si se trata de nostalgia, amor o simplemente del eco de una vida que aún no termina de despedirse de mí.

Y mientras las luces de Moscú iluminan mi ventana esta noche, Caracas vuelve a aparecer en silencio dentro de mis pensamientos.

 Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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