Querido Diario
Hoy volví a ti, diario. Sé que han pasado días —quizás demasiados— desde la última vez que abrí estas páginas. No es que no haya querido escribir; simplemente no encontraba las palabras, o quizás era el peso de todo lo que ha estado pasando el que mantenía mi pluma quieta.
Esta mañana desperté con esa sensación familiar: la de estar tratando de ensamblar un rompecabezas sin tener la imagen de referencia. Las cosas siguen ocurriendo, una tras otra, y yo aquí, intentando procesarlas, darles sentido, encontrar mi lugar en medio de todo esto.
Hay momentos en que siento que avanzo, que empiezo a entender. Pero luego algo más sucede y vuelvo al principio. No es frustración lo que siento exactamente... es más bien ese cansancio que viene de sostener demasiado durante demasiado tiempo.
Pero aquí estoy, escribiendo. Porque a pesar de todo, regresar a ti me recuerda que hay constancia incluso en medio del caos. Que puedo abandonarte por días y tú seguirás aquí, esperando, sin juicios ni reproches.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

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