Si yo tuviera que pedirle perdón a alguien esta noche, sería a ti, Venezuela. Te pediría perdón por no haber tenido el coraje de alzar más fuerte la voz cuando las señales de deterioro eran tan evidentes.
Te pediría perdón por cada vez que ignoré tu grito de auxilio, tu lamento silencioso, por cada vez que te expuse a la resignación de quien se acostumbra a vivir entre escombros.
Perdón, patria mía, por haberte dejado en manos de la indiferencia colectiva que no supo cuidarte. Perdón por haberte forzado a seguir esperando cuando ya estabas desgarrada por la desesperanza. Perdón por las veces que te pedí que soportaras el éxodo masivo de tus hijos, que esperaras lo imposible mientras veías partir a quienes más amabas.
Perdón, Venezuela, porque no supe escucharte cuando me gritabas cada madrugada que te estaba abandonando, que te estaba dejando morir lentamente entre la nostalgia y el olvido. Te pedí que aguantaras los apagones interminables, la escasez, la violencia que se volvió cotidiana. Te pedí que sonrieras mientras por dentro te desangrabas.
A esta altura de mi existencia reconozco que tú mereces mucho más, que mi energía no puede seguir desperdiciándose en la resignación estéril. No puedes continuar quebrada en un lugar donde solo debería haber florecido la abundancia, la alegría, la prosperidad que mereces por derecho propio.
Pídele perdón a Venezuela por no haberla protegido, por haberla dejado fragmentarse en silencio. Perdón por haber permitido confundir conformismo con paciencia, por haber creído que aguantar era sinónimo de fortaleza. El verdadero amor por la patria no te deja vacío ni mendigando esperanza.
Perdón por tratar de encajarte en espacios que no correspondían a tu grandeza. El valor de una nación no está en cuánto sufrimiento puede resistir, sino en saber cuándo merece renacer. Y eso te lo debemos esta noche.
Venezuela, te prometo que vamos a cuidarte mejor. Te prometo que vamos a escuchar tu llamado con más atención, que no permitiremos que cargues sola con el peso de nuestras frustraciones y miedos. No más negligencia disfrazada de patriotismo.
Tu esencia no está hecha para languidecer. Fuiste concebida para brillar, para ser ese territorio donde la esperanza tiene nombre propio y donde cada amanecer trae consigo la promesa de días mejores. No permitas que nadie te convenza de que mereces menos de lo extraordinario.
Esta noche, en el silencio de la reflexión, reconoce que Venezuela ha sido más fuerte de lo que jamás debiste ser. Has resistido más de lo que era justo pedirte. Ahora es momento de amarte de la manera que siempre mereciste: con acciones que honren tu grandeza, con decisiones que protejan tu dignidad.
Perdón, Venezuela mía. Perdón por cada día que no fui la voz que necesitabas, por cada momento en que no fui el cambio que esperabas. Pero esta noche te prometo algo diferente: que mi compromiso contigo se encuentre en la determinación de construir lo que siempre debiste haber sido.
El mañana comienza hoy, con este perdón que se transforma en compromiso inquebrantable.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

0 Comentarios