Querido diario:
Nostalgia
Mayo comienza a doblarse lentamente sobre el calendario, como una carta vieja que el tiempo insiste en releer. La segunda quincena ya asoma sus pasos y, con ella, esa sensación inevitable de que el año avanza sin mirar atrás, arrastrando alegrías, cansancios, despedidas y promesas que todavía respiran en silencio. Junio espera a la vuelta de la esquina, anunciando la mitad de un camino que parecía tan largo cuando enero apenas despertaba.
Las vacaciones se acercan y dentro del pecho empieza a encenderse una emoción difícil de esconder. Regresar a la patria amada no es solamente tomar un avión o preparar una maleta; regresar también significa volver a abrazar recuerdos, caminar calles que todavía conocen el nombre de uno y reencontrarse con partes del alma que nunca aprendieron a emigrar. Moscú aparece nuevamente en el horizonte de los sueños, cubierta de memorias, de inviernos antiguos y de historias que aún laten debajo de la piel.
No será sencillo conseguir el pasaje. Las rutas cambiaron y las decisiones absurdas de otros terminan complicando los caminos de quienes solamente desean volver a un lugar querido. Conviasa dejó atrás aquellos vuelos directos entre Caracas y Moscú, como si romper trayectos pudiera también romper nostalgias. Pero ciertas emociones no entienden de escalas ni burocracias. El corazón siempre encuentra la manera de seguir viajando incluso antes de despegar.
Debajo de la manga viajan muchas ilusiones. Algunas tienen forma de esperanza; otras, de encuentros pendientes. También viajan silencios, preguntas y sueños que todavía no aceptan rendirse. Cada día que pasa acerca un poco más ese momento esperado, y aunque el tiempo avance de manera inclemente, todavía quedan razones para sonreírle al futuro.
La vida ha enseñado que no todos los caminos fáciles conducen a los lugares importantes. A veces las rutas más difíciles son precisamente las que terminan regalando los abrazos más sinceros y los recuerdos más imborrables. Por eso, esta segunda mitad de mayo no llega como una despedida, sino como una puerta entreabierta hacia algo hermoso que está por suceder.
Y eso, al final, ya no es tu carga.
Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan.
Los quiero que jode, hasta el infinito y más allá, y sobre todo de gratis.

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