El fanatismo, entendido como la adhesión irracional y exacerbada a una causa, ideología o creencia, no surge únicamente de la convicción sincera o del fervor desmedido. En su raíz más oscura, late un impulso más terrenal y calculador: la codicia. Esta, entendida como el deseo insaciable de acumular poder, riqueza o influencia, actúa como un motor oculto que alimenta y perpetúa los extremismos.