SALMO 35, El grito del que fue traicionado


Por: Ricardo Abud

Hay salmos que incomodan al lector moderno precisamente porque son demasiado humanos. El Salmo 35 es uno de ellos. Es un salmo de imprecación, es decir, una oración en la que el salmista pide a Dios que actúe contra sus enemigos. No hay aquí perdón fácil ni nobleza espiritual proyectada. Hay dolor real, traición real, y un clamor que no intenta disimularse.

David comienza pidiendo que Dios tome las armas, que empuñe la lanza, que salga a combatir a quienes lo combaten a él. Es un lenguaje bélico que resulta extraño en una oración, hasta que uno recuerda el contexto. David no es un hombre vengativo que busca satisfacer su ego herido. Es alguien que ha sido perseguido injustamente, que ha visto cómo personas a las que amó y ayudó se volvieron sus acusadores más crueles.

La descripción de la traición que hace el salmo es de una precisión emotiva dolorosa. David habla de personas a quienes cuidó cuando estaban enfermas, a quienes lloró como si hubieran sido su propia familia, por quienes ayunó y oró. Y esas mismas personas, cuando él cayó, se alegraron, se burlaron, se unieron a quienes lo atacaban. Esta experiencia, la de ver que tu compasión no fue correspondida, que tu generosidad fue explotada, que quienes tú cuidaste se convirtieron en tus peores detractores, es una de las más desgarradoras que puede vivir un ser humano.

Lo que hace el salmista con ese dolor es algo que merece atención. No lo reprime. No lo espiritualiza fingiendo que no lo siente. Tampoco actúa por su cuenta buscando venganza. Lo lleva a Dios, con toda su crudeza, y le pide a Dios que juzgue. Hay en esto una teología implícita pero poderosa: la justicia le pertenece a Dios. No porque los seres humanos no merezcan justicia, sino porque cuando la justicia queda en manos humanas heridas, frecuentemente se convierte en vendetta.

El salmo también revela algo sobre la identidad del salmista bajo presión. En medio de la persecución, sigue alabando. En medio del clamor airado, hay momentos de declaración de confianza. La estructura emocional del texto es compleja: mezcla petición urgente, descripción del dolor, memoria de la traición, y afirmación de fe. Es decir, no es una oración lineal y ordenada. Es una oración real, del tipo que se hace cuando el corazón está revuelto.

Para el lector contemporáneo, el Salmo 35 ofrece permiso para ser honesto con Dios sobre el enojo y el dolor causados por la injusticia. En una espiritualidad que a veces presiona a las personas a "perdonar rápido" y a "no guardar rencores" antes de haber procesado el daño, este salmo dice algo diferente: puedes venir con tu herida entera. Puedes pedirle a Dios que actúe. Puedes expresar que lo que te hicieron fue injusto y que quieres ver esa injusticia corregida.

El Salmo 35 es la oración de los traicionados. Y su inclusión en el canon sagrado es en sí misma una forma de decir que ese dolor tiene lugar en la presencia de Dios.

Y eso, al final, ya no es tu carga. 

 Nos vemos en el espejo, donde las mentiras nos atormentan. 
Los quiero hasta el infinito y más allá. Se les quiere que jode, y sobre todo de gratis.

Publicar un comentario

0 Comentarios